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Se busca una voz, viva o no muerta


Tal vez sí. O quizás no. ¿Quién sabe si sea cierto que su voz está apenas dormida en dos cilindros de cera, aguardando una fecha para sorprendernos con frase desconocida?

Es posible que él y Thomas Edison se hayan encontrado en el bullicio de Nueva York y decidieran que una expresión del genio del pensamiento debía registrarse en un aparato del genio de la inventiva para esperar un futuro que a ambos les era demasiado familiar.

Hay quien sugiere, para dejarnos más golosos de la esperanza, que la jornada haya sido aquella sublime y única del 24 de mayo de 1893 en Hardman Hall, donde Rubén Darío estuvo a su lado en discurso patriotico con talante de alumno emocionado que en un abrazo recibió este saludo:

—¡Hijo!

Un fonógrafo: en esta época de máquinas inteligentes y otras no tanto, doy ahora mismo mi reino de ansias por un fonógrafo, uno que tiente con imanes de reverencia esos perdidos cilindros de histórica geometría, hechos con la cera precisa de la virtud. 
 

Cuatro o cinco canas

No quiero hacer lo que el respetado barbero que en Cayo Hueso le ofreció un día quitarle aquellas cuatro o cinco canas primerizas que creía lástima dejar en tan buen pelo.

Martí, que también le declinó olorosa colonia, le dijo que no: además de no pesarle, aquellas hebras blancas jamás aumentarían porque el destino no les permitiría nuevas compañeras.

Yo voy a hacer lo contrario del fígaro que pelaba como cosa común la más preciada cabeza que (se) haya dado Cuba: voy a guiar con estos índices buscadores una tijera de filo diferente, que siembre y multiplique aquellos cuatro o cinco canales de sagrada luz.

Una tijera cuyo corte alargue, en vez de tajar, el hilo que otros esperan que ella corte. Y en lugar de Colonia, voy a ofrecerle a mi cliente aromas de Patria que él no querrá  soslayar.

En fin, quiero un José canoso. Quiero un Martí barbudo y también viejo. Uno que, siendo Pepe, provoque en todos el amoroso lugar común: ¡es el vivo retrato de Mariano!  Pero lo quiero así, vivo no solo en la metáfora. O al menos lo sueño más durable.